sábado, 18 de abril de 2009

La Idea y la Sensibilidad

No puedo abortar la idea. Por más que lo intento, vuelve tarde o temprano. Ahora que lo veo, no quiero hacerlo. La idea parece genial, pero puede ser el camino a la perdición y arruinar todo lo que he podido recuperar. A veces siento que estoy perdiendo sensibilidad y me vuelvo más egocéntrico, pero eso no puede ser, ya que la sensibilidad misma es la que causa esto; pero no logro descartar el egocentrismo.

Quizás estoy siendo paranoico, pero volviendo a la idea, no desaparece. Cuando pensé que tenía control de mí mismo, creo que pequé de confianza. Me confié en que la idea no volvería y sería libre del sufrimiento, pero creo que nada es para siempre. ¿Significará que algún día la idea se irá? Es extraño, pero aunque pareciera que me quiero deshacer de la idea, la verdad es que por dentro me causa satisfacción. Me causa orgasmos en lo más profundo de mi ser.

¿Acaso me estoy convirtiendo en un monstruo insensible hacia los demás? No, eso sería imposible, porque, la sensibilidad es lo que lo causa.

¿Pero cómo lidiar con la idea de eliminar todo el sufrimiento y el dolor existente para siempre, sí ésta va a causar más todavía? No quiero destruir sueños ajenos. Pero tampoco los propios.

Me rehúso a comprar felicidad con sufrimiento. No soy insensible, la sensibilidad es la que provoca todo esto.

La idea infecta cada pensamiento que tengo, convirtiéndolos en despojos que no logro reconocer ya. En el fondo me gusta, aunque a la vez lo desprecio.

Pero no soy insensible. La sensibilidad provocó todo esto.

Éste ya no soy yo. O quizás lo es, el que nunca quise o pude ver antes.

Insensibilidad, jamás. Es la sensibilidad.

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