sábado, 19 de enero de 2013

Los demonios del vacío

La tormenta lo tomó por sorpresa y lo cegaba. La nieve caía sin parar, pero él seguía ahi, sentado solo en la banca como si esperando un autobús de madrugada. La música de sus audífonos y la botella de cerveza oscura eran su única compañía y lo salvaban del vacío alrededor de él. Blanco, todo era blanco y vacío. El pueblo a su alrededor no existía, el clima y la noche lo habían devorado desde hace ya tres horas. Era de esperarse que el lugar estaba lleno de demonios.

Tardó unos minutos en percatarse de la primera persona que llegó a sentarse a su lado.  Era una mujer mayor que él, pero para no por mucho. Tenía tez pálida y no parecía suficientemente abrigada.
-Te ves solo- comentó la mujer-¿qué haces solo a esta hora aquí afuera?
-Escucho música -contestó.
-¿Sólo eso? Me parecería que haces más, estás afuera con este frío... uno podría pensar que no deseas estar vivo.
No sabía que contestar a esas palabras, pero recalcó que ella no se veía bien abrigada, por lo que no era la persona indicada para hablar de eso.
-¿Y quién dijo que estoy viva?- dijo en respuesta la mujer -La vida es sobrevalorada. Este es el clima perfecto para la muerte, la nieve blanca sin vida. Anda, te mostraré lo bello que es morir.
-No, gracias, creo que pasaré por esta vez. Alguien me dijo una vez que la nieve es divertida y puede estar llena de vida también. Pero agradezco tu oferta.
El joven se volteó y al volver a mirar en dirección de la mujer pálida, ya se había ido.

La segunda persona llegó no mucho después. Venía acompañado de un grupo de jovenes embriagados, víctimas de la noche y sus vicios, pero ellos no se sentaron en la banca, sino que continuaron haciendo y diciendo la clase de cosas que hacen y dicen los borrachos, ignorando la existencia de la banca y el joven sentado en ella. El nuevo acompañante del joven se sentó ahora a su derecha.
-¿Aburrido?- mencionó.
-No, en realidad estoy aquí porque deseo estarlo- dijo y le bajó ligeramente al volúmen de su reproductor de música -No necesito mucho. Esta música me permite relajarme a pesar del vacío.
Uno de los borrachos se aproximó y le arrebató los audífonos, rompiéndolos en dos partes en el proceso, para luego arrojarlos más allá de la orilla del vacío que era el pueblo.
-Putos borrachos- dijo el hombre a su derecha -Ten, es mi cuchillo favorito. Vamos a matarlo.
El joven, anonadado ante lo sucedido, volteó a verlo. El hombre tenía cabello negro, pero lo que más llamaba la atención era su piel roja, de color de la tentación.
-No, gracias, creo que pasaré por esta vez. Alguien me enseñó que puedo sobrevivir sin mi música por un rato y el alcohol ayuda para eso. Aquí tengo mi botella, mejor la bebo e ignoro lo sucedido. Pero agradezco tu oferta.
No pasaron siquiera diez segundos para que el joven volviera a estar solo en la banca.

Una tercera entidad se sentó unos minutos después a su lado. Es difícil decir si fue a su izquierda o a su derecha. Quizás en ninguno de los dos lados, sino que atrás de él, con sus espaldas haciendo contacto, cada uno aprovechando una mitad de la banca. Sin embargo no se puede asegurar eso. Como digo, es difícil decir.
-Estás solo- fue lo primero que dijo la entidad.
-Ya me dijo eso alguien hace unos minutos- contestó él -pero estoy bien, no te preocupes.
-Seguro que lo estás, si.
Luego susurró en su oído. Susurró palabras del vacío y la perdición, de desesperanza y soledad, de historias muertas y olvidadas.
-Después de todo, estás en la orilla del vacío. Ven, párate y te enseñaré el camino al vacío, esa fuerza saciadora y destructora. Nada es y nada será.
Consideró la oferta por unos minutos y sintió la muerte, la tentación y la perdición apoderarse de su mente. Los recuerdos muertos y los próximos a morir. El vacío parecía una buena oportunidad, difícil de dejar pasar.
-Suena tentador- le dijo a la entidad -¿quién eres?
-¿No lo sabes aún?
-Creo que si. Sin embargo, no, gracias, creo que pasaré por esta vez. Alguien una vez me dejó buenos recuerdos y experiencias, y la vida vale la pena por situaciones así.
-Los recuerdos mueren y las experiencias matan. Tus recuerdos están muertos, sólo hay vacío. Vamos, ven.
-Algunos recuerdos mueren, pero no todos, hay otros que dan vida y evitan la caída al vacío. Hay experiencias que matan, pero prefiero morir por ellas que por ti. Pero agradezco la oferta.
Esta vez la entidad no se fue, permaneció ahi, sentada, en algún lugar de la banca. Ahora fue el joven quién se paró y se retiró. La nieve era profunda, pero no le dio importancia. Se fue a vivir.

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